Más de 800 aficionados de Mazarrón arroparon en Cheste al 'Tiburón', que cierra el año cuarto y deja claro que quiere ganar carreras y títulos, y no se conforma con una cuarta plaza.
En el Circuit Ricardo Tormo de Valencia, ante cientos de banderas rojigualdas y camisetas con el 37, Pedro Acosta no pudo regalar a su gente el podio soñado en la última carrera del año, pero sí firmó una actuación dignísima que le permitió terminar cuarto tanto en la carrera como en el Mundial, superando en la general al campeón Pecco Bagnaia y convirtiéndose, a sus 21 años, en el piloto murciano que más alto ha llegado nunca en la categoría reina.
La victoria fue para un brillante Marco Bezzecchi, seguido de un espectacular Raúl Fernández que volvió a demostrar su velocidad pura en segunda posición. El tercer escalón del cajón lo ocupó Fabio Di Giannantonio, que en un duelo de infarto le arrebató la plaza al 'Tiburón de Mazarrón' a falta de apenas dos vueltas, cuando el murciano ya acariciaba con las yemas de los dedos su sexto podio de la temporada. El de Puerto de Mazarrón cruzó la meta cuarto, exhausto pero entero, tras una carrera en la que exprimió al límite una KTM que, un año más, se quedó corta frente a las Ducati.

Ese cuarto puesto final en el campeonato –el mejor resultado histórico de una KTM en MotoGP– tiene nombre y apellidos: Pedro Acosta. El mazaronero cierra 2025 como el cuarto clasificado del mundo, por delante de pilotos como Bagnaia, Bastianini o Viñales, un logro que en cualquier otro contexto sería para abrir las portadas y descorchar botellas en la Plaza del Ayuntamiento. Sin embargo, el propio Pedro, con esa sinceridad que le caracteriza, no se anduvo con paños calientes al bajar de la moto: “Ha sido un año perdido en mi vida. No hemos luchado por nada. Yo vine a KTM para pelear por victorias y por el título, no para ser cuarto”.
Sus palabras, duras y sin filtro, resonaron como un jarro de agua fría en el paddock, pero en Mazarrón se entienden perfectamente. Porque aquí nadie esperaba un año de transición: se esperaba la explosión definitiva del niño que arrasó en Moto3 y Moto2. Y aunque llegaron cinco podios, poles y vueltas rápidas, las caídas tontas, los problemas crónicos de tracción y la sensación constante de ir un paso por detrás de las Ducati han dejado un regusto amargo. “He aprendido mucho, soy mucho mejor piloto que hace un año, pero no era esto lo que venía a buscar”, insistió Acosta, visiblemente tocado.
Aún así, el mazaronero se fue ovacionado como si hubiera ganado. Al cruzar la meta, Pedro buscó con la mirada la grada del sector 37, se quitó las botas –aún calientes– y las lanzó con fuerza hacia sus paisanos, que las recibieron entre gritos de “¡campeón!”. Fue el broche perfecto a una relación de amor incondicional: da igual el resultado, aquí se quiere a Pedro gane, pierda o se caiga.
Este próximo sábado, antes de que la Virgen del Milagro baje en romería, el Club de Fans 37 celebrará su tradicional comida de cierre de temporada en los Salones Zaira de Bolnuevo, donde cientos de personas brindarán por el cuarto del mundo, pero sobre todo por el chaval de Puerto de Mazarrón que ha puesto al municipio en el mapa del motociclismo mundial. Porque aunque Pedro diga que 2025 ha sido “un año perdido”, sus seguidores saben que ha sido el año en que ha vuelto a demostrar que está listo para pelear por todo. 







