Jerónimo García Jorquera escribe un resumen de la leyenda del Milagro que nuestro municipio conmemora cada 17 de noviembre.

La piratería

La incursión frustrada que dio origen a la leyenda del milagro se produjo en 1585, trece años después de que Almazarrón recibiese de Felipe II el privilegio que la convertía en Villa independiente de Lorca.
    En esa época Almazarrón tenía una población de unos 1.800 habitantes y su actividad portuaria se mantenía con intensidad a pesar de que ya se había iniciado la crisis del alumbre, motor de la economía local durante el último siglo.
    Hasta el año 1800, nuestras costas mediterráneas fueron víctimas de los piratas norteafricanos. No tenían intención de conquista sino de robo de alimentos, objetos, armas, sal, etc. y, sobre todo, el secuestro de pobladores para pedir rescate o venderlos como esclavos.
    Desde tiempos inmemoriales, la piratería estaba considerada como una actividad económica, a modo de negocio casi normal. Los protagonistas de esas empresas eran gentes de todos los países, razas y credos, muchas veces apoyadas por los monarcas.


En la foto de finales de los sesenta vemos que nuestras costas recortadas facilitaban escondrijos para los piratas.

La llegada de los piratas

La madrugada del 17 de noviembre de 1585, siete galeras, procedentes del norte de África, protegidas por la oscuridad, eludieron la vigilancia de las torres costeras y arribaron a la costa de Piedra Mala (calas) al mando de Arráez Morato.
    El desembarco pudo producirse en cualquier lugar de esa zona de la costa, entre Puntas y Bolnuevo. Es un territorio de abundantes calas que facilitaban refugio a los navíos invasores.
    Desembarcaron casi quinientos hombres armados y se dirigieron a Almazarrón con intención de saquear la villa y capturar prisioneros.
    Las torres de vigilancia costera de San Ildefonso (Faro) y de los Caballos (Santuario de Bolnuevo) no advirtieron la llegada ya que, en el municipio, no siempre se disponía del dinero necesario para mantenerlas en condiciones y dotarlas de personal y armas.


La Torre de los Caballos en 1799. Hoy es el Santuario de Bolnuevo.


Mamí: un pirata amigo

Uno de aquellos corsarios era Mamí, un moro que, años antes, vagaba perdido ocultándose en las montañas pero fue capturado por los mazarroneros y convertido en esclavo. Uno de sus amos la trató mal y el otro, muy bien. Tras demostrar su fidelidad, fue liberado bajo la promesa de facilitar, en la costa africana, la libertad para un familiar de su liberador. Las gentes del pueblo se burlaban por el exceso de confianza pero aquel moro cumplió su compromiso.
    Mamí había dejado buenos amigos en Almazarrón y, sabiendo que la villa no podría resistir el ataque, intentó que sus compatriotas se retirasen. Para ello argumentó que la empresa presentaba muchas dificultades, porque, en aquel lugar, había muchos hombres armados y valerosos, acostumbrados a defenderse de ese tipo de incursiones.
    En su empeño por evitar la tragedia exageró al decir que había más de mil vecinos dispuestos a la lucha y cien caballos de guerra con jinetes expertos.
    Morato no se amilanó y, confiando en el factor sorpresa de la madrugada, mandó a sus huestes avanzar sigilosamente hasta llegar a la actual rambla de Las Moreras y, ya con la villa a la vista, envió a dos espías para recabar información del estado de la población.


Vista panorámica de Mazarrón a mediados de los cincuenta.



Señales de alarma

Mientras esperaban el regreso de los espías se escuchó a la campana que tocaba la vela del cuarto del alba con golpes casi tan presurosos como cuando lo hacen a rebato para dar la alarma. Esta irregularidad se debió a que, precisamente aquella noche, la estaba tocando una persona sin experiencia en el oficio.
    A su vuelta, los espías contaron que, en una casa, habían oído a varios hombres haciendo preparativos para la defensa y que uno de ellos decía poseer. él sólo, catorce caballos y muchas espadas. Supusieron, pues, que los habitantes del lugar estaban prevenidos. No sabían que se trataba de un juego de cartas, una variante del piquet o cent francés que, entre nosotros, recibió el nombre “de los cientos” porque ganaba el jugador que, al estilo del tute y subastado, alcanzaba la suma de cien (cent) puntos.
    Al mismo tiempo, a un vecino se le escaparon dos mulas en dirección al lugar donde los piratas estaban concentrados. Con el trote, se escuchaba el sonido de los cascabeles lo que provocó el terror entre los moros porque, en todo el sureste, acostumbraban a identificarlo con la presencia de tropas del marqués de Los Vélez, propietario de varios castillos, incluido el de Almazarrón.

Torre del Molinete (construída a finales del siglo XV).

La desbandada de los piratas alertó a los vecinos

Al no saber interpretar la realidad de la citada cadena de acontecimientos casuales, muchos piratas empezaron a sentir que ponían en riesgo sus vidas ya que se estaban confirmando las advertencias de Mamí.
    Morato Arráez intentó imponer orden entre sus gentes pero el imaginario peligro ya había hecho mella en muchos de ellos así que, los más temerosos iniciaron la fuga y contagiaron al resto provocando una huída masiva y desordenada cuyos ruidos y gritos se escuchaban en el pueblo.
    Ante tal alarma, las mujeres, niños y ancianos buscaron protección en almacenes y templos en torno al castillo del marqués de Los Vélez Los adultos se pertrecharon con armas, y se dispusieron, en principio, para la defensa.
    Al escuchar los ruidos enemigos cada vez más lejanos, decidieron iniciar, con cautelas, la persecución.

Durante algunos años, las celebraciones del milagro incluían desfiles y actuaciones de moros y cristianos.


Las pruebas de la huida

Los invasores huyeron por el camino de Susaña (rambla de las Moreras – en aquella época, río Guadalentín) hasta Bolnuevo donde les esperaban sus naves.
    Cuando, al amanecer, las gentes del lugar llegaron a la costa, encontraron los restos de la huida mientras las galeras piratas se alejaban.
    En esos momentos no pudieron conocer los citados detalles de las desventuras sufridas por los invasores, Se supieron mucho después gracias a que,, a su regreso al norte de África, los piratas los difundieron. Según contaron, en plena desbandada por la playa, apareció, en medio de un intenso resplandor, la figura de una doncella que les perseguía y provocaba aún más espanto y confusión, con lo cual, muchas armas quedaron por el camino.
    De esta aparición procede la tradición de que las azucenas crecían en la arena porque la Virgen pasó por allí arrastrando su manto. La realidad es que esas plantas crecen en la arena de todas las costas mediterráneas por razones de suelo y clima.


Bolnuevo y Piedra Mala en los años cincuenta.


Hechos extraordinarios

Hacia el mediodía del 17 de noviembre, los vecinos se reunieron en la iglesia de San Antonio para dar gracias a la Virgen del Rosario.
    En esos momentos se escuchó la campana de la ermita de la Concepción (actual Iglesia de la Purísima) que tocaba de un modo extraño. Los vecinos acudieron a ese templo y presenciaron sucesos sorprendentes:
    La lámpara, que debía estar apagada por haber consumido todo el aceite durante la noche, seguía encendida y desbordante de ese líquido.
    El rostro de la imagen de la Concepción apareció ligeramente girado hacia la costa y, durante más de una hora, era resplandeciente y con gotas como de sudor.
    A los pies de la imagen había restos de humedad y arena.
    Tanto el aceite como el sudor recogido en un paño se consideraban milagrosos.

Imagen de la Purísima (1928) destruida al inicio de la Guerra Civil

Testimonios y patronazgo

Tras una procesión improvisada cantando el Te Deum laudamus, las autoridades municipales recogieron testimonios firmados por los testigos de estos hechos extraordinarios. Se conservan esos documentos y se recuerdan, cada 17 de noviembre, con su lectura, en el templo de la Purísima.
    Estos acontecimientos facilitaron la consideración de milagro y, en ellos, se fundamenta la decisión de adoptar a la Virgen como patrona de Almazarrón.
    Hay que aclarar que, en 1585, sólo se nombraba a la imagen como Virgen de la Concepción, que daba nombre al actual templo de La Purísima.


Procesión saliendo de la Iglesia de La Purísima. Aunque la foto tenga aspecto propio de hace siglos, en realidad corresponde al año 1958, con motivo de la clausura de unas misiones.


Texto: Jerónimo García Jorquera
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