La exposición 'L’anima non finita' reúne más de 50 piezas del artista yeclano y conecta su universo creativo con Mazarrón a través de 'El Prodigio Impensado'.

La Comunidad de Madrid ha inaugurado en la Sala Alcalá 31 la exposición 'L’anima non finita' del artista murciano Lidó Rico, una ambiciosa muestra que recorre más de tres décadas de creación artística y que incluye obras vinculadas a la memoria minera de Mazarrón. La exposición supone además el cierre de los actos conmemorativos del 1200 aniversario de la fundación de Murcia.
    La muestra reúne más de 50 obras realizadas desde finales de los años ochenta hasta la actualidad, trazando una profunda reflexión sobre la identidad contemporánea, la vulnerabilidad humana y el cuerpo entendido como espacio de conflicto, memoria y pensamiento. Entre las piezas expuestas destacan varias pertenecientes a 'El Prodigio Impensad'o, proyecto artístico inspirado en la historia minera de Mazarrón y que ya pudo contemplarse anteriormente en las Casas Consistoriales del municipio.
    Precisamente por este vínculo con la localidad estuvieron presentes en la inauguración el alcalde de Mazarrón, Ginés Campillo, y el concejal de Cultura, Jorge Durán, quienes acompañaron al artista en una cita que sitúa nuevamente al municipio dentro del circuito cultural contemporáneo.

Comisariada por Míriam Huescar, la exposición ha sido concebida como una cartografía del universo creativo de Lidó Rico. En la planta principal destacan dos grandes instalaciones que articulan el recorrido: Secadero de pensamientos, compuesta por una multitud de cabezas suspendidas que evocan el paso del tiempo y la memoria colectiva, y Murcia, piel y memoria, un gran mural escultórico donde el cuerpo fragmentado construye un relato sobre historia e identidad.
    La primera planta propone un cambio de escala y una experiencia más íntima. Allí, esculturas y obras bidimensionales invitan a reflexionar sobre la autorrepresentación, el recuerdo y las emociones humanas, conectando directamente con el espectador a través de la fragilidad y la vulnerabilidad.
    La obra de Lidó Rico se caracteriza por una metodología singular basada en la inmersión directa del cuerpo en escayola, técnica con la que convierte la huella física en materia artística. Este proceso, a medio camino entre lo técnico y lo conceptual, transforma el cuerpo en un territorio simbólico donde conviven presencia y ausencia.
    Según la comisaria Míriam Huescar, “la muestra evidencia que la obra de Lidó Rico es heredera de una larga tradición de arte afectivo y humanista. Un artista irrepetible para un tiempo inusitado”.
    Por su parte, el propio artista define L’anima non finita como una experiencia que huye de la complacencia y que sitúa la piel como “génesis y única voz” de la exposición, en un contexto contemporáneo donde, según afirma, “el hombre se aleja del hombre”.
    Nacido en Yecla en 1968, Lidó Rico cuenta con una extensa trayectoria internacional y su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas, entre ellas las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el IVAM o ARTIUM.

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