Contó con la implicación de cerca de 40 jóvenes de entre 13 y 17 años, quienes dieron vida a las distintas escenas del recorrido.
Mazarrón vivió en la noche del Martes Santo uno de los momentos más especiales y novedosos de su programación de Semana Santa 2026 con la celebración, por primera vez, de un Vía Crucis Viviente que recorrió las calles del municipio representando la vida, pasión y crucifixión de Jesucristo. La iniciativa, que llevaba gestándose desde la pandemia sin poder materializarse, logró finalmente ver la luz con una respuesta masiva de público.
La propuesta, impulsada por la parroquia de la localidad, contó con la implicación de cerca de 40 jóvenes de entre 13 y 17 años, quienes dieron vida a las distintas escenas del recorrido. La acogida no pudo ser más positiva, tal y como destacaron las organizadoras al término del acto.
Uno de estos jóvenes es Carlos, que ha participado representando a san Juan y haciendo el papel de judío en otras escenas. «Es una experiencia muy buena y te ayuda a acercarte aún más a la Semana Santa y al Señor», dice, animando a otros jóvenes a realizar actividades como esta. «Fue genial, no tengo palabras para explicarlo; a la gente le encantó y creo que les ha ayudado».

También Manuel, que interpretó a Caifás y a un soldado romano, animaría a otros jóvenes a involucrarse. «Es una experiencia muy grande, es un recuerdo para toda la vida y van a ver lo que sintió Jesús en esos momentos; a mí me ha ayudado a encontrarme más con Dios». Aunque durante la preparación vivió los primeros ensayos con nerviosismo, empezó a confiar y ahora se muestra contento por el resultado: «La gente dice que ha salido muy bien, a algunos les ha llegado al corazón».
“Para nosotros el resultado fue muy satisfactorio. Sabíamos que los chavales iban a responder porque son muy responsables”, señalaba Paqui Méndez, quien participó en la coordinación del vestuario junto a otras catequistas. La iniciativa, explicó, partió de una invitación del párroco Antonio Martínez y fue fruto del trabajo conjunto de toda la comunidad parroquial.
Los ensayos comenzaron tras la pasada Navidad y, pese a realizarse solo una vez por semana, el compromiso de los participantes resultó ejemplar. “Tenemos que darnos cuenta de que son jóvenes en una edad complicada, y aun así se portaron muy bien y trabajaron muchísimo”, apuntaba Conchi Pérez, otra de las responsables del proyecto.
Uno de los aspectos más destacados fue la implicación juvenil, incluso más allá de los grupos de catequesis. Aunque la mayoría de participantes pertenecían a confirmación, también se sumaron otros jóvenes atraídos por la propuesta. “Se implicaron muchísimo, y eso nos deja una gran satisfacción. No todo lo que se dice de los jóvenes es negativo”, subrayaban.

El rigor en la ambientación, tanto en vestuario como en interpretación, fue otro de los pilares del evento, trabajado con documentación y asesoramiento previo para lograr una representación fiel a la época.
El acto, celebrado en horario nocturno siguiendo la tradición de los Vía Crucis, aportó un componente simbólico especial. “La oscuridad también forma parte del significado, de ese momento de tinieblas en la muerte de Jesús. La luz vendrá con la Resurrección”, explicaba Pérez.
Más allá del éxito de esta primera edición, la organización ya avanzó su intención de dar continuidad al proyecto. “Esto es vivir y aprender. Durante el recorrido ya vimos aspectos a mejorar para el próximo año”, indicaba Méndez, quien además confirmó que existían otros proyectos dirigidos a los jóvenes durante el resto del año.
El Vía Crucis Viviente no solo fue una manifestación de fe, sino también una forma de acercar la Iglesia a la calle y fomentar la participación. “Hay que moverse y salir a llamar a la gente. Es una manera muy buena de mostrar lo que creemos”, destacaban.
Como mensaje final, las organizadoras hicieron un llamamiento a la juventud para que se anime a participar en este tipo de iniciativas: “Las puertas están abiertas. Hay muchas formas de vivir la fe y compartirla con los demás”.







