Mariam Carvajal, Pepi Carvajal y José Miguel Ortega exponen sus obras nacidas de libros de expurgo, periódicos viejos y revistas destinadas al contenedor.

El Casino de Mazarrón se ha convertido, hasta finales de enero, en un inesperado bosque de papel. Bajo el título ‘Un Mundo de Papel’, los artistas locales Mariam Carvajal, Pepi Carvajal y José Miguel Ortega despliegan esculturas nacidas de libros de expurgo, periódicos viejos y revistas destinadas al contenedor. Lo que empezó como una terapia improvisada tras una Navidad, cuando los tres coincidieron en período de convalecencia, ha terminado ocupando las paredes y vitrinas de uno de los edificios más emblemático del municipio.
La historia es sencilla y poderosa. Tres amigos, un montón de libros que las bibliotecas ya no podían guardar y la necesidad de mantener la mente ocupada mientras el cuerpo se recuperaba. Doblaron páginas para decorar unos estantes vacíos y, casi sin proponérselo, descubrieron que el papel enfermo también puede sanar. Lo que iba a ser un adorno efímero se convirtió en exposición itinerante: primero en las bibliotecas de Mazarrón y Puerto de Mazarrón, donde colegios enteros desfilaron y se organizaron talleres para niños y adultos. La acogida fue tan cálida que decidieron dar el salto al Casino, el salón noble del pueblo.

Entrar hoy en la sala es adentrarse en un catálogo vivo de técnicas y emociones. Hay libros convertidos en cuerpos humanos cuyos corazones laten con tipografía impresa, animales que parecen haber escapado de sus propias fábulas, castillos y casas construidos con la memoria de lectores anteriores. Los barcos fenicios que duermen bajo el mar de Mazarrón resurgen aquí en papel, junto a las torres vigía y las iglesias del municipio. África irrumpe con máscaras y figuras totémicas de colores imposibles. Hasta la Navidad tiene su rincón: belenes enteros y ángeles que no necesitan electricidad para brillar.
Los propios autores reconocen que no saben muy bien cómo llamar a lo que hacen: ¿libros intervenidos, papiroflexia gigante, escultura reciclada? Da igual. Utilizan desde el simple doblado de páginas hasta canutillos enrollados, estructuras de cartón o alambre que sostienen vestidos, abanicos, mariposas y vehículos que viajan sin consumir otra cosa que imaginación.
Más allá de la evidente declaración ecológica —dar nueva piel a libros que ya nadie leerá—, la exposición organizada por la concejalía de Archivo y Bibliotecas transmite algo más íntimo. En palabras de los artistas, estas piezas son “el refugio de papel donde nos escondimos para soñar” mientras la vida les obligaba a parar. Quien recorra las salas percibirá esa energía sanadora: cada figura susurra que la ilusión sigue siendo creativa y que la creatividad, a su vez, alimenta el espíritu.







