La reconocida escritora, con su capacidad para entrelazar periodismo, ficción y compromiso social, dejó anoche en Mazarrón una invitación a leer, a sentir y a actuar.
En la segunda edición del ciclo Mazarrón Life organizado por Mares de Papel, la escritora y periodista Marta Robles iluminó anoche el escenario del Complejo Deportivo con una charla íntima, dirigida por José Antonio Ruiz Vivo. La velada, impregnada de un tono cultural y literario, se convirtió en un viaje a través de su prolífica carrera, sus reflexiones sobre la vida y su capacidad para entretejer historias que despiertan corazones endurecidos. En la entrevista previa concedida a La Voz de Mazarrón y en su intervención en el escenario, Robles desgranó su trayectoria, sus pasiones y su compromiso con la verdad, la justicia y la empatía.
Marta Robles, madrileña de tres generaciones, es una figura polifacética. Escritora, periodista, columnista y comunicadora de trayectoria luminosa. Su currículo brilla con galardones como las dos Antenas de Oro, dos Antenas de Plata y el prestigioso Premio Fernando Lara de Novela por Luisa y los espejos, una obra que marcó un punto de inflexión en su carrera literaria. “Ese premio fue un espaldarazo, una consolidación como escritora”, confesó anoche, mientras el público, aunque reducido, escuchaba absorto. Entre sus obras más destacadas figuran Lo que la primavera hace con los cerezos, un ensayo que explora la relación entre amor, desamor y creación artística; Pasiones carnales, sobre los amores que transformaron la historia de España; y su aclamada saga de novela negra protagonizada por el detective Tony Roures, con títulos como A menos de cinco centímetros, La mala suerte, La chica que no supiste amar y el próximo Amada Carlota, que verá la luz el 24 de septiembre.

En la entrevista con La Voz de Mazarrón, Robles rememoró sus inicios. “Escribo desde niña, soñaba con ser escritora. A los 16 publiqué mi primera novela tras ganar varios concursos literarios”. Su ingreso al periodismo, impulsado por un novio que reconoció su talento para la comunicación, la llevó a la Complutense, donde se pagó la carrera desafiando las reticencias familiares. “Mi padre no quería que estudiara periodismo, pero fue una decisión que me dio grandes satisfacciones”, admitió. Su carrera periodística comenzó en 1987 en la revista Tiempo y, desde entonces, ha compaginado la escritura de 20 libros con colaboraciones en medios como Televisión Española y Canal 10, una experiencia pionera que la llevó a transmitir desde Londres en los años 80. “Trabajaba en Channel Four, en Fitzroy Square, y veía pasar a figuras como Mick Jagger. Fue inolvidable”, evocó con una sonrisa.
Anoche, en el escenario, Robles se mostró como una narradora apasionada y comprometida. Habló de su saga de novela negra, donde el detective Tony Roures, un ex corresponsal de guerra, investiga desde casos de infidelidades hasta tramas de mayor calado, como la trata de mujeres en La chica que no supiste amar. “Quise reflejar la crudeza de la explotación de mujeres inmigrantes, víctimas de un sistema que las esclaviza”, explicó, denunciando la vulnerabilidad de estas mujeres y la indiferencia social. Su discurso, impregnado de feminismo, subrayó la necesidad de visibilizar las desigualdades. “Lo que no se conoce no existe, y el periodismo y la literatura deben hacer visibles las injusticias”.
Robles también compartió reflexiones sobre la inseguridad, tema de su libro Haz lo que temas. “La inseguridad, cuando la domesticamos, nos protege de la arrogancia”, afirmó, relatando cómo superó sus propios miedos, desde el vértigo hasta desafíos personales. “Atrévete, enfrenta tus miedos, lánzate a la piscina”. Sobre el amor, citó a Neruda y su obra Lo que la primavera hace con los cerezos. “El buen amor saca lo mejor del otro, lo hace florecer, como la primavera con los cerezos”.
“La ficción mueve corazones endurecidos, nos hace sentir el dolor ajeno”, afirmó Robles, citando a Shakespeare. “Quien no siente el dolor ajeno se convierte en un monstruo”. Su compromiso con la bondad, la empatía y la justicia impregnó la noche, dejando en el aire de Mazarrón una invitación a leer, a sentir y a actuar.







