OPINIÓN | El maestro de la novela, del ensayo y del cuento, poeta, cronista, periodista y académico, Mario Vargas Llosa, ha dejado este mundo a los 89 años de edad.
Carlos Corvalán Roldán
Como han señalado sus hijos Álvaro, Gonzalo y Morgana Vargas Llosa: «Su partida entristecerá a sus parientes, a sus amigos y a sus lectores alrededor del mundo, pero esperamos que encuentren consuelo, como nosotros, en el hecho de que gozó de una vida larga, múltiple y fructífera, y deja detrás una obra que le sobrevivirá».
Sin duda que su obra le sobrevivirá por los siglos de los siglos. No en balde, su inmenso legado literario se ha visto reconocido mundialmente en numerosos premios y galardones, obtenidos a lo largo de su vida: Premio Biblioteca Breve (1962), Premio Rómulo Gallegos (1967), Premio Príncipe Asturias de Las letras (1986), Premio Planeta (1993), Premio Cervantes (1994), Premio Nóbel de literatura (210).
Vargas Llosa era, además, un liberal declarado: desengañado de las ideas comunistas que profesó en su juventud, se convirtió en uno de los más ardientes defensores de la libertad. Fue, así mismo, un "negacionista" de la leyenda negra: "La leyenda negra antiespañola fue una operación de propaganda montada y alimentada a lo largo del tiempo por el protestantismo —sobre todo en sus ramas anglicana y calvinista— contra el Imperio español y la religión católica (...)".
Pero además, fue algo que hoy está pasado de moda e incluso criminalizado: lo que se dice un hombre, un señor y un caballero con innegables dotes de probada seducción en el sector femenino.
En ninguno de sus escritos, en ninguna de sus obras, se verá aparecer esa estupidez del llamado "lenguaje inclusivo". ¿Cómo iba a incurrir en semejante majadería quien estaba medularmente enamorado de la lengua española y se inspiraba, según él mismo declaró, en Dumas, Verne, Hugo y Flaubert como forjadores de su vocación literaria?
Nos ha dejado usted huérfanos de muchas cosas, Don Mario. Aquí, desde la tierra que acaba de dejar, le pido humildemente que haga usted porque nuestra amada y maravillosa lengua no sea asesinada por absurdas modernidades y falsos igualitarismos.







