Unanimidad plenaria para poner el nombre de la empresaria a la calle Sierra de Alcaraz de Puerto de Mazarrón.

Todos los grupos políticos se han unido esta mañana en el pleno de febrero para dedicar la calle Sierra de Alcaraz de Puerto de Mazarrón a la vecina Águeda María Mendoza Mendoza, fallecida a los 75 años y dejando tras de sí una vida marcada por el esfuerzo, la superación y un compromiso inquebrantable. Conocida por todos en Mazarrón como la carnicera de la emblemática Carnicería Carrañaca, su historia es un ejemplo de trabajo duro, amor por los suyos y dedicación a los vecinos que confiaron en ella durante más de cinco décadas.
    Nacida en Fuente Álamo el 7 de agosto de 1949, Cursó estudios básicos bajo la tutela de Doña Ginesa Méndez España y desde niña mostró una pasión por la lectura que heredó de su padre, Mateo Mendoza, quien siempre regalaba libros a sus hijas. Esa afición despertó en ella valores como el emprendimiento y la perseverancia, que la acompañarían toda su vida. Pero, como los números son siempre los que mandan, veamos algunos de ellos: Águeda estuvo 52 años al frente del negocio familiar, un legado que comenzó junto a su esposo, Antonio Martínez, 'El Carrañaca', a quien conoció en las fiestas de San Agustín. Fue allí donde nació un idilio que se transformó en una historia de esfuerzo compartido y amor inquebrantable.
    Mujer adelantada a su tiempo, tal y como explicaba en la moción Carlos Corvalán, Águeda tuvo que realizar servicios sociales para obtener el carné de conducir en una época en la que era casi impensable ver a una mujer al volante de camiones. Juntos, ella y Antonio trabajaron como una piña, enfrentando retos con valentía y construyendo un negocio familiar que no solo fue su sustento y orgullo, sino también una huella imborrable en Mazarrón. Con 75 años, seguía en situación de alta laboral; de hecho, cuando ingresó por primera vez en el hospital, sin conocer aún la gravedad de su estado, pidió la baja al médico —la primera en su dilatada vida profesional—, dejando al doctor atónito por su incansable ética laboral.

Como madre, educó y dio carreras universitarias a sus tres hijos mientras llevaba adelante la carnicería, una labor que mantuvo desde el fallecimiento de su marido hasta días antes de su propia partida. Fue la primera, junto a Antonio, en introducir balanzas electrónicas en un comercio de Mazarrón y también pionera en incorporar la figura del decorador en los negocios locales, demostrando una visión innovadora que marcó tendencia. Además, contribuyó altruistamente a infinidad de causas benéficas, entidades sin ánimo de lucro, fiestas y eventos del municipio durante décadas, consolidándose como un pilar de la comunidad.
    Cuando llegó la pandemia del COVID-19 y las dudas acechaban, Águeda se negó a cerrar las puertas de su carnicería. A pesar de las advertencias de sus hijos sobre los riesgos para su salud, insistió en que no podía dejar “tirados” a sus vecinos. “Hay que abrir todos los días y abastecer a todos”, decía, y así lo hizo, demostrando una vez más su compromiso. Preparó a muchos jóvenes en el oficio de la carne, dándoles un futuro laboral, y junto a su marido fue precursora de La Pantera Rosa, un negocio que marcó un hito en el entretenimiento para pequeños y mayores en Mazarrón.
    Su espíritu emprendedor no tuvo límites: llegó a tener matadero y ganadería propios e incluso incursionó en la promoción y construcción inmobiliaria. Fue socia cofundadora del Matadero Comarca de Totana (Matosa) y, hasta su fallecimiento, miembro destacado de ACOMA, la Asociación de Comerciantes de Mazarrón. Unos días antes de su partida, en una reunión en el hospital con la presidenta de ACOMA, dejó varios consejos que resumen su filosofía de vida: “El trabajo es como una planta, si no la cuidas, se seca. Lo mismo pasa con los clientes. Hay que cuidarlos para que no se vayan.” También animó a los autónomos: “Sigan adelante, no decaigan. Planteen una línea de trabajo, no se endeuden más de lo necesario para que puedan vivir tranquilos”.
    Sin duda, lo más importante es que Águeda María Mendoza Mendoza será recordada por cualquier vecino de Mazarrón como una mujer trabajadora y ejemplar. Su legado en la Carnicería Carrañaca, su generosidad y su tenacidad quedarán grabados en la memoria de un municipio que la vio crecer, luchar y triunfar.

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